El fin de las repúblicas bananeras
“América busca voz en reforma económica – Brasil, México y Argentina llevarán mensaje a G-20”: En su portada de hoy, el diario salvadoreño La Prensa Gráfica resume bien el tema real y el resultado principal de esta Cumbre.
Normalmente los megaencuentros presidenciales no suelen ser apasionantes. Las declaraciones se preparan de antemano. Cada uno de los participantes trata de vender su imagen, y muchas veces los periodistas están más interesados en lo que “su” jefe de estado tiene que decir sobre asuntos nacionales que sobre el evento.
En San Salvador no fue diferente: José Luis Rodríguez Zapatero tuvo que defender a la reina Sofía por una polémica sobre supuestas declaraciones de la soberana sobre el matrimonio gay.

Cuando los intereses entre España y sus ex colonias son tan divergentes, es natural que las declaraciones finales consensuadas tienen que ser tibias. Sin embargo, quedó claro que los gobiernos de izquierda o centro-izquierda de América Latina siguen promoviendo la emancipación económica de la antigua metrópoli, muy a pesar del gobierno español. Y que muchos presidentes liberales y conservadores se ven forzados a adaptar su discurso a los nuevos tiempos.
La posición de España y de Portugal es menos cómoda que en los años noventa, cuando las multinacionales de la península ibérica fueron las que más lucraron con la onda de privatizaciones realizadas en América Latina por gobernantes sumisos a la lógica neoliberal.
A esto se sume la crisis de las instituciones multilaterales controladas por Estados Unidos y Europa como el Bamco Mundial o el Fondo Monetario Internacional (FMI). El descalabro de los mercados financieros que parece vislumbrar un viraje keynesiano a nivel global calentó la Cumbre de este año.
José Sócrates, el primer ministro portugués, puso el dedo en la llaga: “El FMI se formó para ayudar y ahora mismo escuché decir al presidente de El Salvador que felizmente, El Salvador no tiene contratos con el FMI. Esto dice todo sobre la credibilidad y el prestigio que el FMI tiene hoy en el mundo”.

Sobre el encuentro del 15 de noviembre, donde 20 países iniciarán negociaciones sobre reformas del sistema financiero internacional, Sócrates dijo: “Es de la mayor importancia que España esté en la reunión en Washington. Es de la mayor importancia que las primeras reuniones comiencen bien, y por eso España tiene que estar en esta reunión”.
La realidad será otra: A pesar de unánimes declaraciones de apoyo de todos los presentes a la pretesión española, los que irán a Washington son los “emergentes” México, Brasil y Argentina.
En su relación con empresas extranjeras, algunos gobiernos latinoamericanos están mostrando una autonomía que hace pocos años parecía difícil de imaginar. La noticia que conmovió a la cumbre en su día final fue la expulsión de la petrolera Repsol por el gobierno ecuadoriano, medida confirmada por Rafael Correa a su regreso al Ecuador.
Correa, que se ha mostrado igualmente firme frente a las transnacionales brasileñas Petrobras y Odebrecht, manifestó: “Que entiendan las compañías trasnacionales: La Banana Republic se acabó. Aquí las condiciones no las van a poner ellos, las va a poner el país”.